La Maleta Roja

juguetes eroticos

Dejadme que me presente: soy una maleta roja y la historia que os voy a contar es un tanto peculiar pero seguro que os vais a divertir.

Como os he dicho, soy una maleta roja y mi historia comienza en unos grandes almacenes donde todas las maletas estamos alineadas con diferentes colores y formas esperando ese día en el que alguien nos eche el ojo y nos lleve.

Un día llegan dos mujeres muy decididas, una con el pelo muy rizado y la otra rubia de ojos azules. Me miran, me abren, tocan mi forro, prueban las cremalleras, me pasean para arriba y para abajo (supongo que para ver si ruedo bien) y sin más me llevan hasta la caja y antes de que me de cuenta ¡estoy fuera!. Estoy tan emocionada- ¿me iré a Tailandia? ¿o quizás a Alaska?

¿Veré muchos aeropuertos y estaciones de tren? Me llenarán de ropa hasta que reviente? ¡Que poco sabía yo en ese momento!

Del maletero del coche me voy a la casa de una de ellas. Paradita estoy un par de días hasta que un día se acerca, me abre, y me mira críticamente.

Eso que lleva en la mano no parece ropa de esquí, ni biquinis para la playa; cuidadosamente va colocando las cosas una por una en mi interior – me fijo, sales de baño, aceites de masaje, un cofre lindísimo, chocolate con un pincel (espero que no se rompa) y un sinfín de cosas más que huelen a mil delicias. Vuelve de nuevo, esta vez con cosas que parecen juguetes pero con unas formas y colores súper divertidos; antes de meterlos los saca del envoltorio, les mete pilas, comprueba que funcionan y … ¡no puedo creerlo!¡Son vibradores!

Pero, ¿cómo voy a ir por el mundo de viaje llena de vibradores y juguetes eróticos? ¿Cómo voy a pasar desapercibida en los controles de los aeropuertos y las aduanas?

Poco a poco me llena con juguetes de diferentes tamaños (uno es por cierto, aquí entre nosotras, bastante realista), en una de las cremalleras me mete un taco de folletos que pone “La Maleta Roja” – ¡Vaya! parece que es una empresa que se llama como yo. Curioso.

Un día muy temprano las dos mujeres y yo cogemos un avión para irnos a alguna parte. Por suerte me facturaron, y no tuve que pasar ningún mal trago. Llegamos a la casa de una mujer de pelo castaño y sonrisa abierta toda impaciente por abrirme, y pienso ¿qué tendré que todos quieren conocerme?

Se sientan y sacan una a una todas las cosas que llevo y hablan, y se ríen, y explican, y cuentan – presto atención hasta que poco a poco comprendo lo que va a ser mi futuro- voy a ir a casas de diferentes mujeres para enseñarles lo nuevo del mercado erótico para su uso y disfrute. Poco a poco me acostumbro a la idea (nerviosilla si que estoy) pero pienso que, a diferencia de mis compañeras, (muchas se pasan una vida en la buhardilla) igual tendré una vida divertida, entretenida y emocionante.

Ya ha pasado tiempo desde entonces. Y me han pasado muchas cosas. He rodado por un sinfín de calles. He visto casas, pisos, áticos, floristerías, restaurantes y peluquerías.

Tengo la suerte de que siempre me reciben con alegría y risa y mi estancia en estos sitios me reporta una gran cantidad de diversión y de información (cada día aprendo algo). Me pasan también cosas escandalosas como cuando los vibradores saltaron en medio de la calle y mi dueña tuvo que abrirme en plena ciudad para apagarlos o cuando la poli hizo un control y miró dentro del maletero. También me cuidan mucho y siempre están buscando cositas nuevas para mí.

Llevo una vida muy movida y siempre me alegro de emprender rumbo a un sitio nuevo, con gente nueva a la que enseñar cosas nuevas. La verdad es que tengo mucha suerte. ¿Me habría pasado todo esto si me hubieran teñido de azul?