Desmontando la ciencia de las citas

Toda la cultura popular -las películas, los libros, las canciones- nos empujan a meditar en el amor como el destino más deseado por cualquiera, especialmente si eres mujer. No obstante, la busca de pareja no se semeja nada a los románticos relatos con los que nos machacan, sino muy frecuentemente genera situaciones incómodas, produce rechazo, da vagancia.

Algo de este modo le sucedió a la ensayista Moira Weigel (Brooklyn, mil novecientos ochenta y cuatro), quien se empeñó en examinar la historia de las citas para descubrir anteriormente las razones de su malestar con la forma en que marcha la mecánica actual de lo que los anglosajones llaman dating. En su libro Labour of Love. The Invention of Dating (Macmillan) retrata de qué forma han alterado las técnicas de emparejamiento, deseos y esperanzas en los últimos cien años. ¿Que de qué manera hemos llegado a nuestra moderna forma de ligar? Veamos.

1. Los beneficios de ser Jane Austen

Antes de la invención de las citas, las jóvenes se emparejaban por el procedimiento del cortejo. Desde los dieciseis y durante un año aproximadamente, las madres invitaban a determinados jóvenes a visitar a sus hijas en casa para poder ver si brotaba la chispa. Asimismo podía acontecer que un seguidor se presentase de manera espontánea o bien que conociese a algún pretendiente en un baile.

Todos habían de ser supervisados por las mujeres de la familia, que tenían el poder para supervisar todo el proceso: la joven soltera y su madre decidían si recibía o bien no, dónde, cuánto duraría el noviazgo y qué requerimientos tenía que cumplir el aspirante. Además de esto, el cortejo tenían sitio en casa, territorio femenino por antonomasia (en aquella temporada). Ni hay que decir que para seducir y ser seducida no hacía falta gastarse un euro: todo era sin coste total, por lo menos para ella.

2. ¿En qué momento se idearon las dates?

La palabra “cita” se imprimió por vez primera en el jornal The Chicago Record, en una columna de mil ochocientos noventa y seis que charlaba sobre las costumbres de la clase trabajadora. Las citas fueron la única salida de las trabajadoras de principios del siglo veinte para hallar marido.

Las siete aplicaciones para ligar que quizás todavía no conozcas

Independientes y solas en la urbe -donde llegaban desde el campo para ser sirvientas, tenderas o bien, en el mejor caso, secretarias-, no podían ser seducidas en las mínimas habitaciones que pagaban con sus insignificantes sueldos (la mitad que el de los hombres). La policía empezó a percatarse de que ciertos jóvenes se hallaban en la calle y salían en pareja: el fenómeno era tan nuevo que muchas chicas fueron detenidas como sospechosas de prostitución.

3. El amor sale a la calle y se transforma en un rentable negocio

Gracias a las citas, el amor dejó de ser una cuestión privada y familiar para desenvolverse en el espacio público. Restoranes, salones de baile, parques y cines comenzaron a ser testigos de de qué manera florecían las jóvenes parejas. Poquito a poco, el amor se fue transformando en un rentable negocio por el hecho de que el cortejo empezó a requerir cierta inversión económica y admitir citas se transformó en la única forma en que podían gozar de un tanto de ocio.

Como sucede el día de hoy en las aplicaciones y webs dedicadas al emparejamiento de extraños, lo que interesaba no era el matrimonio o bien el noviazgo sino más bien la prosecución infinita de deseos insatisfechos en una sucesión lo más larga posible de citas.

Dónde ligar en el siglo XXI:

El cuarenta por ciento de los solteros y solteras procuran pareja por medio de internet. Sobre todo desde la edad en la que se abandona la noche, es más simple hallar pareja en internet que en otro espacio “analógico”. Mas, atención, no todas y cada una de las webs sirven para todo.

  • Noviazgos y relaciones formales. Si tus pretensiones son “seriasv, asiste a Meetic, eDarling, Parship o bien Be2.
  • Ligoteo con posibilidades. Para divertirse sin cerrar la puerta a algo más, Badoo, Tinder, Grindr (gais), Qrushr (lesbianas), Zoosk, C-Date, Easyflirt.
  • Sexo ocasional. Para ir al grano sin intenciones sensibles, Ashley Madison, Good2Go, Love Park, Adoptauntio, FriendScout24, LocalSin, Pure.

4. Bajo la repercusión de la oferta y la demanda

Las tenderas eran instruidas en las tiendas para movilizar su encanto y conseguir que los clientes del servicio adquirieran. Esta pedagogía de la seducción se trasladó de manera rápida a las citas, en las que aceptaron que debían mostrarse o bien “venderse” lo mejor posible para conquistar a su pretendiente. Ropa, productos cosméticos, sonrisas perfectas, modales condescendientes… Trabajar y ligar requerían los mismos procedimientos.

Esta activa ha perdurado hasta nuestros días: todavía nos ofrecemos a nosotros mismos tal y como si tuviésemos que satisfacer las necesidades de un potencial cliente del servicio. La mecánica del ligue se ha disfrazado de romanticismo mas, realmente, tiene mucho que ver con algo más similar a una transacción comercial.

5. La irreprimible ascensión de los “rollos”

De los años veinte a los seis, la convención marcaba que solo tras una serie de citas podían llegar las relaciones íntimas. Tras una temporada de diversiones, debían seleccionar a la esposa perfecta, mientras que rezaban por percibir lo antes posible una proposición que las sacara “del mercado”.

3 de las cartas de amor más hermosas de la historia

Sin embargo, en la “década del amor”, sobre todo en los colleges universitarios, se invirtieron el orden de los factores, una práctica que se ha extendido conforme los métodos de evaluación de costos, propios de lo económico, se han ido imponiendo en lo cariñoso. No perder tiempo, eludir invertir recursos superfluos o bien enfocarse en la propia carrera son razonamientos que se acostumbran a usar para explicar la preferencia de los rollos, esto es, las relaciones íntimas ocasionales.

Esta práctica no sirve de ensayo para futuras relaciones satisfactorias, sino inhibe lo sensible a favor de lo sexual, el compromiso a favor de lo puntual. El mercado laboral, marcado por la flexibilidad, la adaptación y la frialdad, imprime sus reglas en la inteligencia sensible.

6. La imposibilidad de sentar la cabeza

En el alegato tradicional, la elección o bien no del matrimonio debe ver, prácticamente siempre y en todo momento, con razones de tipo cultural o bien ética. Raras veces se mientan los trascendentales factores económicos. Los estudios muestran de qué manera desde las últimas décadas del siglo veinte y, de forma creciente hasta nuestros días, las clases trabajadoras perciben que ya no pueden permitirse casarse, así sea pues no pueden abonar una boda o bien una casa.

El matrimonio se ha transformado en un privilegio de la clase media (una categoría social que cuenta cada vez con menos miembros), de manera que desaparece el sueño de las relaciones “para siempre” frente a un panorama vital que es bastante difícil de pronosticar. ¿De qué forma comprometerse de manera segura con una pareja si la vida profesional fuerza a mudar de trabajo, de urbe e incluso de país para poder aprovechar cada ocasión que se presenta?

7. El trabajo se come el tiempo del amor

Hoy, las citas y, por extensión, las relaciones, se mueven, prácticamente, en el campo de lo comercial: los intercambios deben ser eficaces, rentables y satisfactorios para las dos partes. Como el tiempo es dinero, cada vez nos va costando más “desperdiciarlo” en citas con poco probable interés en un largo plazo. Y al estar de manera permanente libres para nuestros “empleadores”, apenas si queda ya el fin de semana para dedicar a la vieja estética del romance, menos de cuarenta y ocho horas en las que practicar aceleradamente los viejos ritos del cortejo.

Se terminó lo de aguardar con ilusión una cita: el día de hoy debemos encajarla con calzador en nuestras apretadas agendas. Nuevamente, las mujeres proseguimos estando en situación de inferioridad: aparte de llevar la carga de la seducción cosmética, invertimos más al admitirlas, en tanto que debemos trabajar más horas que los hombres para lograr igual trabajo.

A las que todavía persigan el sueño de la familia, les avizora un sentimiento de frustración añadido: la horrible sensación de haber perdido un tiempo hermoso con cada cita (o bien serie de citas) fracasada. No hay tiempo para errores: la fecundidad nos pone una data de caducidad que las presiones del planeta laboral se empeñan en ignorar. 

Qué NO hacer en una primera cita:

Los datos que maneja Meetic, uno de los primordiales portales de citas, ofrecen pistas sobre qué comportamientos eludir a fin de que un primer encuentro se resuelva de manera exitosa.

  • No plantear una cena (de qué forma hace testarudamente el seis por ciento de los encuestados). Mejor un café o bien un piscolabis, por no prolongar mucho el encuentro si no brinca la chispa.
  • Hacer estruendos al comer. Un cincuenta y cuatro por ciento asegura detestarlo. Lo mismo que a los que se centran más en el alimento que en la charla.
  • No llegar tarde. La impuntualidad se percibe como desinterés: resulta fatal. De producirse, debe estar hiperjustificada.
  • Jamás mentir. No marcha nada, nada, nada pretender ser lo que no se es. Al contrario, la naturalidad en el momento de aceptar los propios defectos puede ser sensual.
  • No caer en la queja. La negatividad mata el romance: charlar mal de parejas precedentes, lamentarse del trabajo, mostrarse fatalista…
  • Precaución. El cuarenta y siete por ciento de los encuestados aseveran que prefieren tener múltiples citas ya antes de lanzarse. Frente a la duda, mejor un paso atrás.

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